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¡Volvió carnaval!: La determinación de revitalizar la fiesta de mayor arraigo popular

20 febrero, 2018

En la noche del pasado sábado, madrugada del domingo, culminó el concurso (local y regional) de murgas de Fray Bentos.

El mismo, otrora máximo atractivo de la fiesta local de Momo, si bien sigue concitando mucho interés  popular, hoy comparte el protagonismo con otras disciplinas como el Candombe y el Humorismo, más allá de que esta última manifestación estuvo ausente en la presente edición de la popular fiesta.

Siempre reclamado por la población, como cuestionado en su organización y generador de pasiones y debates a raíz de la competencia entre agrupaciones,  el carnaval fraybentino vivió diferentes circunstancias a través del tiempo, las que ha ido sorteando con dispar suerte. De aquellos carnavales que los más veteranos evocan con nostalgia en la reiterada y en gran medida justificada frase “¡carnavales eran los de antes!”, a estas celebraciones actuales, ha corrido mucha agua bajo el puente que une a las diferentes épocas de la fiesta. Cuentan los más “viejos” que en épocas remotas (en realidad no tan lejanas en el tiempo) la fiesta local de Momo era animada por más de 15 murgas en cada edición, las que junto a la carroza de la Reina y su séquito, otros  carros alegóricos, cabezudos (personas que se disfrazaban con trajes que pendían desde grandes monigotes con forma de enorme cabeza, uno de los sellos que el gran Luís Solari le imprimió a la celebración), agrupaciones carnavalescas (grupos musicales conformados exclusivamente para celebrar el carnaval), y muchísimos “máscaros sueltos”( vecinos que, sólo con el afán de divertirse y animar la fiesta, se disfrazaban y bromeaban con el público asistente), conformaban multitudinarios y divertidos corsos. También se organizaban bailes de carnaval en los cuales, quienes participaban del “asalto” (personas disfrazadas que en grandes contingentes ingresaban animando la fiesta) solían entrar gratis a celebraciones alegóricas puntuales, tales como: el baile de los Trico y los Peña, el de los Piratas, etc.

La Murga, ese peculiar y multidisciplinario género artístico del arte popular uruguayo, el que reúne “al poeta de la esquina, al payaso de la vida, al cantor de la reunión” (como versa la pluma de Renzo Dodera),  constituyó el mayor atractivo del carnaval local en el siglo XX, registrando innumerables y multitudinarias veladas en tablados barriales y reñidos concursos que han dejado en la memoria colectiva celebrados títulos y recordados cultores del género.

“Careta viva de un pueblo con dolor”, el carnaval supo adaptarse a las circunstancias y sobrevivir en los duros años de censuras y libertades restringidas que impuso la última Dictadura Cívico-Militar que azotó al país, y la Murga fue forjando brechas en el muro del despotismo, constituyendo un bastión de resistencia al autoritarismo y abriendo túneles hacia la libertad y la recuperación de la legítima institucionalidad nacional.   Con la democracia reconquistada la fiesta recuperó su brillo, y aunque nunca alcanzó el esplendor participativo de antaño, sí logró concitar la participación de hasta 8 murgas en algunas de las ediciones celebradas en la década de los años 80. Tiempos en que títulos como “Los Tragavientos”, “Volveremos”, y “Golpe y Quedo”, exhibían un altísimo nivel artístico y se disputaban el primer premio del concurso local, el que conseguía colmar la capacidad locativa del Teatro de Verano, cada año.

Hacia fines de los años 90, géneros como el  humorismo y (mayoritariamente) el Candombe, fueron sumándose al carnaval, acrecentando su participación y concitando el gusto del público por sus manifestaciones. Sin embargo la celebración, que fue sufriendo cambios en su modalidad festiva, también fue perdiendo brillo y mermando el interés y la adhesión popular. Si bien la fiesta recuperó esplendor a través de las comparsas, las que reivindicando con justicia su lugar en la cultura nacional, fueron disputándole con éxito el sitial preponderante  a las murgas, el carnaval se ha visto debilitado por la ausencia, o casi testimonial participación, del género que por excelencia lo caracterizó como un sello de la idiosincrasia popular fraybentina.  Éstas, las murgas, han sufrido las consecuencias de un género que, en su desarrollo, alcanzó un nivel de profesionalización que ha terminado jugándole en contra. Como consecuencia y sumado a la demanda de dotadas condiciones artísticas que los componentes del género requieren, al trabajo, la organización y al tiempo que insume consolidar un buen espectáculo, a los elevados costos de financiación que la disciplina demanda, la falta de apoyo y de fomento a un género que tradicionalmente constituyó parte de la más rica  e identitaria cultura popular uruguaya, y a otros factores externos que han conspirado en su contra: el carnaval fraybentino (y en alguna medida, regional) había ido perdiendo una de sus más genuinas manifestaciones.

El Gobierno Dptal de Río negro ha dispuesto con determinación recuperar el esplendor del carnaval rionegrense, persuadido por la convicción de que la más genuina de las fiestas  populares, relevante componente de nuestra identidad cultural, merece el esfuerzo de ser reivindicada de acuerdo a su jerarquía y, por lo mismo y en concordancia con sus convicciones descentralizadoras, debe celebrarse con equidad territorial en todo el departamento. Asimismo  ha implementado talleres que ayuden a formar nuevos murguistas y efectuado diversas estrategias para fomentar el género en todo Río Negro. El proceso, por supuesto que no exento de errores y de medidas que no siempre han redundado en la consecución de los resultados procurados, está en marcha. El éxito de la empresa también dependerá de los aportes críticos que los cultores y aficionados al carnaval propongan en beneficio de la fiesta de Momo. La actual edición está llegando al final, la próxima ya empezó a gestarse para que, legítima y literalmente, el año próximo Río Negro pueda afirmar, con el entusiasmo y la alegría que la ocasión merece: ¡Volvió Carnaval!