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Mejora de la cobertura, pertinencia y calidad de la formación profesional y la capacitación.

1 junio, 2016

Tras lo que fue el inicio del Proceso de Diálogo por el empleo, iniciativa de la IRN,  MTSS y organismos pertinentes, seguimos compartiendo el tema desde el punto de vista de las pretensiones,  y objetivos. Teniendo en cuenta que esto continúa el 08 de junio en Fray Bentos y 09 de junio en Young.

Existe abundante evidencia a nivel nacional e internacional de que la disponibilidad de una oferta de formación y capacitación de calidad y accesible a todos genera dos efectos positivos y complementarios. Primero, incrementa los niveles de equidad social, al permitir que todos, y especialmente los jóvenes, puedan no sólo acceder a empleos de mejor calidad, sino también continuar formándose de manera continua, a lo largo de toda la vida. Segundo, el que un territorio disponga de una población bien calificada, contribuye en gran medida a tornarlo más atractivo a la inversión (mediante la atracción y retención de emprendimientos) y lo torna también más “inteligente” y creativo. A mayor proporción de personas calificadas, más probabilidad existe de que surjan más emprendedores y que sean más exitosos, a la vez que se aprovecha de manera más intensiva la generación de riqueza en el mismo territorio, expandiéndola a través de una mayor productividad y diversificación de actividades. Río Negro últimamente ha sido capaz de atraer nuevas ofertas de educación, tanto media técnica como tecnológica. Sin embargo, falta aún camino por recorrer en materia de expansión y diversificación de la oferta formativa, así como en adecuar de manera más estrecha los contenidos de dicha oferta, con los requerimientos que emanan de las actividades económicas del territorio, especialmente las vinculadas a los nuevos desafíos. Un desafío complementario e igualmente importante, consiste en ampliar y perfeccionar la oferta formativa no sólo a futuros y actuales trabajadores asalariados, sino también a emprendedores y a los propios empresarios. Entre otros aspectos a abordar en este eje se encuentra en qué medida las políticas e instituciones nacionales en este campo logran plasmar efectivamente en el territorio una oferta suficiente, de calidad y pertinente, a la vez que articulada entre sí.

Políticas para la creación de empleo y la mejora del funcionamiento del mercado de trabajo
Además de la formación y capacitación existe un conjunto de instrumentos comprendidos dentro de las denominadas “políticas activas de empleo” (PAE). Entre ellos se encuentran dispositivos tales como los servicios de empleo, que se orientan a apoyar a quienes buscan un empleo (por primera vez, porque están desocupados, o porque desean conseguir otro mejor) mediante información, orientación e intermediación laboral. También quedan comprendidos en la categoría de PAE, los servicios de apoyo a emprendimientos, sea que éstos estén por iniciarse, o que existen ya, pero requieren de apoyo para consolidarse. A los servicios de información y orientación, se agregan en este caso la derivación o articulación con servicios financieros (acceso a garantías, crédito y microcrédito, etc.) y no financieros, también llamados servicios de desarrollo empresarial (consultoría, asistencia técnica, etc.). En un universo empresarial donde predominan las micro y pequeñas empresas, y en el cual ellas explican una proporción relevante del empleo total, la disponibilidad de este tipo de servicios resulta clave. Un tercer conjunto de dispositivos considerados como PAE, son aquellos programas orientados a apoyar la inserción laboral de personas y colectivos con mayores dificultades en este sentido, tales como las personas con baja o muy baja calificación, desempleados de larga duración, las jóvenes jefas de hogar, portadores de capacidades diferentes, entre otros. Existe una variedad de alternativas a este respecto, que van desde programas de creación directa de empleo (típicamente, trabajo en obras de interés público y social), hasta el subsidio a empleadores para su contratación, pasando por el apoyo al autoempleo. La combinación final de estos dispositivos, así como el énfasis o prioridad que a cada cual se le asigne, está en función de las características, necesidades y planes del propio territorio. Esto de por sí ya es relevante de ser abordado en el marco de este diálogo. Pero también parece pertinente intentar avanzar, en acuerdos que permitan perfeccionar el funcionamiento de dispositivos ya existentes y que implican una mayor articulación de la institucionalidad nacional y local, como es el caso de los Centros Públicos de Empleo, así como la profundización de su vinculación con los servicios que brinda INEFOP en territorio, concretando el objetivo estratégico de trabajo conjunto y complementario, hacia una “ventanilla única”, que contribuya a una implementación sistémica de las PAE, orientada a la mejor prestación de servicios para la ciudadanía. Por último, parece oportuno incluir en este eje la discusión en torno a la mejora de dos tipos de instrumentos que contribuyen de gran manera a una gestión más eficaz de las políticas laborales y de empleo. Primero, los espacios de concertación y diálogo social permanentes en el territorio sobre estos temas. Segundo, los sistemas de gestión de información y conocimiento sobre el mercado de trabajo.